Brindis de Sangre

Palacio de Gobierno, Lima, 18 de Enero de 1881

Hoy al tomar poseción en nombre de la república de Chile. de esta ciudad de Lima, término de la gran jornada que principió en Antofagasta el 14 de febrero de 1879, me apresuro a cumplir con el deber de enviar mis más entusiastas felicitaciones a mis compañeros de armas por las grandes victorias de Chorrilllos y Miraflores, obtenidas merced a sus esfuerzos y que nos abrieron las puertas de la capital del Perú...
Cuando vuelvo la vista hacía atrás para mirar el camino recorrido, no sé qué admirar más: si la energía del país que acometió la colosal empresa de esta guerra o la que vosotros habéis necesitado para llevarlo a cabo...
Felicito especialmente a los jefes de división, General Sotomayor y Coroneles Linch y Lagos, por la serenidad que han manifestado en los combates y la precisión que han ejecutado mis ordenes..
Cumplido este deber, estrecho cordialmente la mano de todos y cada uno de mis compañeros de armas..
Manuel Baquedano

El día 20 circuló en Lima una invitación para una mesa de once, con el que el 24 obsequiaron, en la casa de Gobierno, al General Baquedano, sus compañeros: M.2º Maturana, G. Saavedra, Patricio Lynch, Emeterio Letelier, José F. Gana. Emilio Sotomayor, José Velásquez, Pedro Lagos, G. Barboza, M. Urriola y Silvestre Urizar.

"Pero al fin hemos llegado y estamos aquí, en Lima en la antigua residencia de los virreyes españoles, en el mismo Palacio donde se había decretado que chile no figuraría, en adelante como nación soberana: Estamos en Lima, cobijados por nuestra bandera, dictando leyes a los vencidos, que se hallan hace varios días al amparo de nuestra clemencia, somos los señores de la mejor parte del suelo peruano, los dueños de su capital,y de todas las fortalezas de sus puertos, los árbitros soberanos de su destino. ¡Inmensa gloria para Chile!."
Parrafos del discurso de ese banquete, por don Máximo Lira, conocida personalidad chilena.

"Trajo Chile la desvastación y ruina a los departamentos indefensos de nuestro litoral del norte, destruyendo en un instante monumentos de inapreciable valor, levantados por la moderna industria. Nada ha sido bastante para deterne la mano de nuestros desaforados enemigos: ni lo indefenso de las poblaciones, ni la inocencia de las victimas, ni el pudor de las mujeres, ni la debilidad de la infancia, ni la veneración de la ancianidad, ni el valor infortunado, ni las convulsiones de la agonía, ni el sagrado caracter de la neutralidad, ni el más sagrado aún de las ambulancias, en cuyo recinto han sido asesinados sin piedad nuestros heridos: en suma, ningún respeto divino ni humano, incluso el de la propia honra, ha sido poderoso para volver a Chile en la actual guerra al seno de la civilización...
Circular del 5 de noviembre de 1880, del Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, Pedro José Calderón, a los agentes diplomáticos del Pèrú en el extranjero y cancillerías amigas.

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