Hundimiento de la Escuadra

El día 17 el capitán de navío Villavicencio recibió el cargo de inutilizar el fuerte de San Cristóbal, a cuya cima se habían trasladado algunas piezas de grueso calibre. La ciudadela Piérola como la llamaban no prestó servicio alguno. Como dice Elguera en su citada crónica, ellos no hicieron otra cosa que ocasionar la muerte de algunos soldados, al romperse uno de los cables que servían para su conducción. Por nuestra parte añadiremos, que algunos días antes de la batalla de San Juan, al practicar los chilenos un reconocimiento sobre nuestras líneas, algunas piezas dispararon sobre ellos, pero los tiros vinieron a caer más bien en nuestras líneas, Villavicencio inutilizó esos cañones, del mismo modo que el capitán de navío Astete lo hizo con algunas piezas que habían servido para la defensa del puerto.
Se ordenó también hundir cuantos buques de la escuadra había en la rada y fueron hundidos la Unión, el monitor Atahuallpa y los transportes Limeña, Chalaco, Talismán, Oroya y Rimac; pero la operación no se hizo debidamente, pues, mientras la Unión se perdió sin remedio, en cambio algunos de los otros buques fueron puestos a flote por los chilenos más adelante, las lanchas, excepto la Arnó, recibieron orden de evadir el bloqueo y dirigirse a todo vapor hacia el norte.
Rúben Vargas Ugarte , S.J.

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